Brozas

Una villa noble con historia y paisajes protegidos

Contacto

Oficina de Turismo de Brozas
Plaza Príncipe de Asturias, 1
10950 Brozas, Cáceres (Extremadura)

927 395 003
www.brozas.es

Brozas está situada en las llamadas “Tierras de Alcántara”, de la comarca Tajo-Salor-Almonte. Es Conjunto Histórico-Artístico desde 2015 por su rico patrimonio histórico, con testimonios de comienzan en la prehistoria, continúan en la época romana hasta llegar a la Edad Media y Moderna, momentos en los que la localidad gozó de su máximo esplendor histórico. A pesar de los primeros vestigios de civilizaciones en la zona, la historia de lo que es en la actualidad la villa de Brozas no se inicia hasta la reconquista leonesa, en los primeros años del siglo XIII. Tras la toma de la importante plaza de Alcántara en 1213 por Alfonso IX de León, el monarca leonés entrega todo el oeste de la actual provincia de Cáceres primero a la orden de Calatrava y, en 1218, a la orden de San Julián del Pereiro, denominada a partir de ese momento orden de Alcántara. De hecho, Brozas aparece mencionada documentalmente como “Las Broças” por primera vez en 1237 y en 1244, convirtiéndose hacia 1270 en sede y cabecera de la Encomienda Mayor de Alcántara.

Curiosidad: Los conflictos con Alcántara sobre el uso de los baldíos y las tierras comunales hicieron que los brocenses iniciaran el proceso de emancipación mediante la adquisición del villazgo. Esto se consiguió en 1537 por una real cédula de Carlos I que costó 7.500 ducados de oro. El villazgo implicó un gran crecimiento demográfico.

Entre su patrimonio destacan los edificios religiosos, como la Iglesia de Santa María la Mayor (Monumento Nacional); militares, como la Fortaleza de la Encomienda Mayor de la Orden de Alcántara (siglos XIII-XVIII); y civiles, con bellos escudos nobiliarios, entre las que destacan la casa palacio de los Argüello-Carvajal (declarada Bien de Interés Cultural) y la de los Condes de de la Encina. Además, los amantes de la naturaleza podrán disfrutar de hasta 7 espacios protegidos, ideales para la observación de aves y la práctica de actividades al aire libre.

No te puedes ir sin ver…

Castillo de Brozas

Conocido como “el palacio”, el castillo de Brozas tiene su origen en el siglo XIV, aunque posteriormente ha sufrido varias remodelaciones, como las emprendidas en los siglos XVI y XVII.

El castillo de Brozas era la residencia del Comendador Mayor y fue testigo de los violentos conflictos bélicos, primero en la guerra civil de la orden alcantarina (siglo XV) y, después, en las continuas guerras de la Edad Moderna (Restauración portuguesa, Sucesión entre Felipe V y Carlos de Austria, Independencia). Testigo de estos conflictos son los restos de muralla abaluartada que se pueden contemplar en el recinto exterior de la fortaleza y la gran portada con los escudos de Felipe II como Maestre de la Orden y del comendador Cristóbal de Moura.

En el interior se construyeron varias dependencias palaciegas, como las caballerizas, los llamados «cuarto viejo», con portadas góticas, y «cuarto nuevo», donde se localiza el escudo de don Juan de Zúñiga, y el patio al que dan ambas estancias, del que se conservan dos alas, ambas porticadas con columnas toscanas. Destaca también en él la Torre del Homenaje, fechada a principios del siglo XIV y que dispone de un aljibe en la parte inferior.

En la actualidad este castillo es propiedad privada, aunque el acceso es libre a la parte exterior.

Situado en la plaza de Ovando o “Plaza Nueva”, el palacio de los Bravo, Condes de la Encina, es el mejor ejemplo de arquitectura residencial de Brozas. Construido a finales del siglo XVI, tiene las características arquitectónicas típicas del siglo XVII y fue en el siglo XVIII, cuando esta familia alcanza su máximo poder, convirtiéndose don Juan Sebastián Bravo de Cabrera en conde de la Encina en el año 1778.

Al exterior destaca su sencilla fachada construida íntegramente con sillares de granito y se remata con una cornisa voladiza que se rompe en el centro por un ático donde se inserta el escudo de don Juan Sebastián y de su esposa doña Isabel Topete del Barco. En el interior sorprende un amplio patio peristilo, conformado por cuatro grandes arcos rebajados sobre pilares.

Construida sobre antiguos templos romanos y visigodos, el templo actual abarca un proceso constructivo muy dilatado, desde finales del siglo XV hasta mediados del siglo XVIII, interviniendo arquitectos de renombre como Pedro de Ybarra, Juan Bravo o José Larra Churriguera.

El exterior presenta una gran sobriedad, con formas a medio camino entre el gótico y el Renacimiento. Destaca la fachada de los pies, en la que se abre una majestuosa puerta de medio punto bellamente decorada con motivos religiosos, mitológicos y florales del gótico final y un ventanal renacentista, flanqueado por vetustas gárgolas y medallones con jarrones de azucenas.

En el interior sobresalen las bóvedas de crucería que cubren las tres naves de un templo concebido como “iglesia salón”, así como diversas capillas fúnebres que albergan enterramientos de familias nobles brocenses (Gutiérrez-Flores, Bravo, Orive-Salazar). Destacan, asimismo, el extraordinario retablo barroco de madera sin policromar (hacia 1750), el órgano barroco situado en el coro (hacia 1780) y pequeños tesoros como las palomillas forjadas de hierro que sujetan los incensarios o los capiteles visigóticos utilizados como pilas de agua bendita.

Situada a 500 metros del núcleo urbano de Brozas, la Charca de Brozas se crea en el siglo XV como descansadero de los rebaños de ovejas trashumantes que bajaban desde las tierras del Norte hasta las dehesas del Tajo Internacional. A partir de ese momento, la charca se convierte en un espacio ligado a la historia, la naturaleza y la cultura de Brozas, como abrevadero de ganado, criadero de tencas, lugar para la fabricación de tejas y ladrillos o punto favorito de paseo alrededor de sus orillas.

Durante las cuatro estaciones, la charca de Brozas es un paraíso para los amantes de la ornitología, pudiendo observar innumerables especies de aves como la espátula, la focha común, el somormujo lavanco, el martín pescador, la cigüeñuela o el zampullín común. Entre marzo y octubre, además,  los aficionados a la pesca pueden disfrutar de su afición pescando las afamadas tencas, un delicioso manjar gastronómico de estas tierras.

Y a lo largo de los 365 días, podrás encontrar espectaculares puestas de sol paseando o disfrutando de una pequeña ruta cicloturista en las sendas y caminos señalizados en el entorno del Parque.