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Conjuntos monumentales

La sucesión de diversos acontecimientos a lo largo de la historia y la ocupación de pueblos lusitanos, romanos, cristianos, musulmanes y judíos han imprimido en el territorio del Tajo Internacional un claro carácter fronterizo. La fusión de todas estas culturas ha traído hasta nuestros días un altísimo legado arquitectónico y cultural, herencia que debemos conservar si queremos que pueda ser contemplada y disfrutada por nuestros descendientes en el futuro. Este patrimonio cultural es, por sí mismo, un magnífico valor que hará de nuestra visita al Parque Natural Tajo Internacional una experiencia única y enriquecedora.

Aunque todos los municipios del territorio disponen de monumentos antiguos, destacan ciertos Conjuntos Monumentales y Aldeas Históricas dignos de ser destacados.

Las Aldeas Históricas, construidas en granito, una roca tan duradera como su valor histórico, harán las delicias de quienes disfrutan admirando edificios monumentales y paseando por antiguas calles bien conservadas. Unas son más modestas, otras aún transmiten la relevancia que en otro tiempo debieron tener, pero todas ellas destacan por el encanto de sus paisajes, de sus conjuntos arquitectónicos y por la hospitalidad de sus pobladores.

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Aldea histórica de Idanha-a-Velha

Idanha-a-Velha, ahora una pequeña aldea de no más de 60 habitantes, tiene su origen en la importante población romana Civitas Igaediranorum, paso obligado en la vía que unía Mérida (España) con Braga (Portugal). Fundada en el s. I a.C., Egitânia fue en época visigoda (s.VI-VII) sede de una diócesis que después ocuparon los árabes. Estos últimos convirtieron a la entonces Idânia en una ciudad casi tan rica como Lisboa. Tras la reconquista, D. Afonso Henriques la donó a los Templarios, quienes levantaron la torre del homenaje de la ciudad fortificada sobre un antiguo templo romano.

Las sucesivas ocupaciones han dejado en Idanha-a-Velha un importante patrimonio histórico en el que destacan su catedral visigoda –única en su género en Iberia-, un pequeño museo de la ciudad visigoda con una muestra epigráfica luso-romana, la torre de los Templarios, el recinto amurallado, el puente de origen romano sobre el río Pónsul, sus casas adecuadamente rehabilitadas, la plaza de la villa con su rollo e Iglesia Mayor y el Lagar de Varas, una antigua almazara rehabilitada para su visita.

El paso del tiempo fue progresivamente restando importancia a esta villa testigo de batallas y saqueos, pero no pudo con su bello conjunto monumental ni con el marco natural en el que se encuentra. Un paseo por sus calles es lo más parecido a recorrer los pasillos de un museo al aire libre, abierto para que todos puedan contemplar la elegancia de su inmenso valor patrimonial.

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